¿Cómo empezar a comer sano? Y no morir en el intento…

El tema de la nutrición parece muy sencillo visto desde fuera, pero en cuanto tenemos que aplicarlo a nuestra vida diaria, empiezan las complicaciones.
Por desgracia, damos por obvias unos supuestos que creemos son totalmente lógicos, pero que en realidad no lo son tal. El cuerpo humano es una máquina muy compleja pero a la vez muy bien diseñada, de manera que somos capaces de adaptarnos a entornos muy variantes y previsiblemente complicados que seguramente ni siquiera nos plantearíamos con anterioridad.

Cuando llevamos muchos años haciendo lo mismo, siguiendo una misma rutina, se hace cada vez más difícil cambiar ciertos hábitos que parecerían sencillos de modificar. Esto es, si estamos comiendo todos los días un trozo de pan y queremos reducir los hidratos de carbono de nuestra alimentación, sería tan sencillo como dejar de comernos ese trozo de pan. ¿O quizá, dependiendo de la persona y del contexto no sea tan sencillo?
Considero un grave error tratar de aislar cada ámbito del global del ser humano para afrontar ciertas situaciones y cambios que queramos llevar a cabo. En el caso de la nutrición, la variable psicológica es fundamental, y el éxito de las mejoras que tratemos de aplicar en nuestra alimentación van a depender en gran medida de cómo asumamos y afrontemos esos cambios.

En la inmensa mayoría de los casos, tal y como han dejado claro multitud de investigaciones científicas, el éxito no es el corto plazo, sino el largo. Conseguir cambiar un hábito es relativamente fácil, lo difícil es ser capaz de mantener ese cambio y que no nos suponga un sacrificio insoportable durante el resto de nuestra vida.
Bajo mi punto de vista, la clave reside en conocer y saber aplicar, de forma individualizada, diferentes estrategias que nos lleven a conseguir cambios de hábitos PERMANENTES.
En definitiva, ahí reside la dificultad real, en ser capaces de que dichos cambios de hábitos sean para el resto de nuestras vidas y no un mero espejismo sostenido temporalmente gracias a un pico puntual en nuestra motivación, la cual va y viene, sube y baja, y no siempre se mantiene todo lo alta que muchas veces nos gustaría.
No pienses a corto plazo, el éxito es el mantenimiento del nuevo hábito a largo plazo.

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